lunes, 24 de octubre de 2011

Adiós, león cobarde! :'(

Me parece fatal tener que actualizar tan pronto el blog. Tan solo ha pasado un día de la trágica noticia que sobrecogió al mundo del motor.

Y hace unos minutos, me he encontrado de casualidad con otra, que nunca había pensado que ese día podía llegar, y que también habrá dejado más de una lágrima en las caras de la gente, entre las que me incluyo. No se puede comparar con la muerte de una persona, pero también es triste. Hace poco más de un año, se anunció que Fernando "el hombre de hojalata" Ponce y genio con los instrumentos de viento, dejaba el grupo. Pues hoy, José Andrëa, vocalista de Mägo de Oz desde hace 15 años, ha anunciado que finaliza su etapa con la banda.

En mi memoria siempre quedarán los tres conciertos en donde pude verte brillar como las estrellas, dejándote la voz en cada canción. Cuando en Sagunto pude entrar al backstage, y aún estando reventado, tuviste tiempo para sacarte una foto conmigo y con muchos de tus fans. Y sobretodo, siempre te recordaré en el concierto de Bétera, cuando entre el público alguien te llamo con algo levantado, y te acercaste para mirar lo que era. Luego, como no lo veías bien, me pediste que te lo llevara, e hice saltar a una amiga la valla de seguridad para que fuera a dártelo, y una vez entregado, le lanzaste un beso. Fue un momento mágico.

Mägo ya no será lo mismo sin ti. Ya no sonará con el mismo espíritu que aportabas. El león cobarde se ha ido, y ahora solo nos queda seguir caminando por las baldosas amarillas, rumbo a lo desconocido, esperando nuevas aventuras.

We must be over the rainbow...


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domingo, 23 de octubre de 2011

58


¿Qué puedo decir que no se haya dicho ya?

Fue por el año 07-08 cuando empecé a fijarme en Sic. Por aquellos tiempos, llevaba el pelo más largo que me he dejado en mis 19 años.
Pues bueno, recuerdo que un domingo cualquiera, en una de mis idas y venidas al comedor, donde mi padre estaba viendo la carrera de 250cc, enfocaron a un piloto que tenía la misma melena que yo por aquel entonces. Al momento descubrí como se llamaba. Su nombre era Simoncelli. No sé lo que sentí en aquel momento. Era un sensación rara, como si alguien que no conocía me estuviera diciendo algo. Mucha gente me expresaba que ese pelo me quedaba horrible, que tenía que cortármelo. Pero al ver a ese piloto, me inspiró. Era como si no estuviera solo, como si tuviera que mandar a la mierda lo que opinaba la gente, y empezar a ser yo mismo. Desde ese día, contaba con mi apoyo. Incluso puedo decir que muchos amigos de mis padres y amigos míos me llamaban como él por simple hecho del pelo.



También era la época en la que empecé a saber usar el photoshop, y eso con una tarde aburrida solo puede significar una cosa: montaje al canto. Cierto que el resultado no es que fuera muy bueno, pero el significado se podía ver.


Todos los domingos, cuando hacían carreras, ahí estaba yo, admirando cada una de sus acciones. Además, le defendía a muerte cuando hacía alguna que resultaba un poco brusca. ¿Quién no recuerda su encuentro con Barbera? ¿Y con Bautista? ¿Y con Lorenzo? ¿Y con Pedrosa? Visto lo visto, mucha gente pensará que tenía algo en contra de los españoles, pero... ¿quién no recuerda los impresionantes adelantamientos que hacía? Allí donde muchos no ven la ocasión, él si. ¿Quién puede decir que en el momento de frenar, no apuraba al máximo? Y lo que nadie nunca negará, ¿quién no veía a Marco como el sucesor de Valentino Rossi para seguir dándole triunfos a Italia?
Y ha sido esta mañana, cuando, recién levantado, he ido a prepararme el desayuno, que he pasado un momento por el comedor, y mi padre, sentado en el sofá, me ha mirado a los ojos, y con poca fuerza en su voz me ha dado la mala noticia. Demasiadas emociones han pasado por mi cabeza en ese momento. Veía imposible que le hubiera pasado algo así. Pero esa era la realidad. Ahora lo pienso, y todavía no puedo creerlo.

Fue un luchador. Y así lo ha demostrado hasta el final de su vida. Cuando en la 2ª vuelta de Sepang, en vez de haberse retirado hacía la zona de escape, hizo lo imposible para volver a la pista y no caerse de su Honda. Era único. Me lo imagino montado en la moto, cayendo, pensando que no, que no iba a retirarse tan fácilmente de la carrera, que iba a luchar. Y así fue. En ningún momento soltó la moto.
Simoncelli ya no está. Lo que en su día fue un circuito que le dio un título mundial, hoy es uno que le ha quitado la vida.

Sempre con noi, 58!


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viernes, 21 de octubre de 2011

Aún quedan fuerzas para sonreír! .Larisa.

Es impresionante el poder que tenemos las personas de aguantar el sufrimiento, de salir adelante tras un acontecimiento que prácticamente nos derrumbó. Sufrimos, sufrimos y volvemos a sufrir, pero aún así no nos olvidamos de sonreír.
A cada uno de nosotros nos mueven unos sueños, unas esperanzas, unas ganas de cumplir aquellos que más deseamos, que más anhelamos. ¿Serán estas las fuerzas que nos alimentan cada mañana al despertar y nos dan la suficiente fuerza para seguir caminando?
Algo o alguien nos motiva, para alejarnos de todo aquello que es dañino, reemplazando la tristeza por vitalidad.
Pero algún día dejaremos de creer en todo aquello que nos mantenía soportando lo malo. Y cuando eso suceda, me pregunto: ¿De donde sacaremos las fuerzas para seguir sonriendo?


Este texto lo escribió Larisa, una chica muy agradable que conocí en 2º de la ESO (¡¡¡hace ya 6 años!!!). Y la verdad es que al leerlo, he sentido la necesidad de tenerlo lo más a mano posible, ya que se nota que está escrito con el corazón. A quién le pueda interesar, puede encontrar más de ella aquí: http://lary.over-blog.es/

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viernes, 16 de septiembre de 2011

Reto 1

Los que me conocen bien, saben que desde que el 2001, año en el que salió la adaptación cinematográfica de "El señor de los anillos: La comunidad del anillo", he sido un auténtico fan de la saga. Ya me podían preguntar todos los personajes, lugares, diálogos, actores, curiosidades, erroramas... que siempre los contaba con una sonrisa en la boca. Pero fue hace 3 o 4 meses, cuando conseguí, después de 10 años viendo las películas, leerme los libros. Si que esperaba encontrarme con algunos cambios, pero no con tantos, y algunos muy increíbles y surrealistas. Cierto es, que le da más juego a la película, y más escenas con las que lucirse en efectos especiales, como cuando llega un ejercito de elfos para ayudar en la "Batalla de Cuernavilla" o cuando los muertos vivientes llegan a la "Batalla de los campos del Pelennor". Pero eso lo detallaré más adelante. Hoy, viernes 16 de Septiembre, me he propuesto un reto:

Voy a releer la trilogía de "El señor de los anillos" y a escribir paso a paso, todas las diferencia que hay respecto a las películas.

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sábado, 3 de septiembre de 2011

Otra noche mágica! :D

Al igual que el año pasado, ruta de disfraces en patines. Al principio habían pocos, pero cuando hemos salido, más de 20 personas estábamos sobre ruedas. Momentos a destacar:

· Durante toda la noche, allí por dónde hemos pasado, la gente nos hacía fotos, vídeos, posaba con nosotros... A saber cuantas fotos nuestras rularan por las redes sociales.

· Cuando hemos llegado a la plaza del asesino, y hemos visto que era la fiesta de la cerveza. Después de hablar con el segurata, nos ha dejado entrar gratis, nos hemos dado una vuelta, la gente haciéndonos el pasilllo, saludándonos... y todo con la jarra de cerveza en la mano. Todo un espectáculo.

· Isidro vestido de Pápa, y Tortu de "puta con alas"... han hecho cada una. Como siempre, cerca de ellos para no perderse ninguna.

No ha estado tan bien como la del año pasado, que triplicábamos el número de personas. Pero ha estado muy bien.

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martes, 30 de agosto de 2011

Sueño premonitorio (Relato corto. 3)



Hubo un destello y un sonido atronador. El muchacho despertó, sobresaltado. Se frotó los ojos y se puso las gafas. Al instante, cogió el cinturón y se lo abrochó, debido a que no le gustaba dormir en el coche con él. Cuando ya lo tuvo puesto, giró la cabeza, pasó la mano sobre el cristal de la ventanilla para quitar el vaho que había causado el cambio del frío helado de fuera al calor que había dentro del coche, para así, poder contemplar el paisaje.

Lo que pudo ver, no era lo típico que se podía esperar de una noche de Agosto. Una tormenta. Las gotas de agua golpeaban ferozmente el coche, como si quisieran destruirlo para herir a sus ocupantes. El chico volvió a girar la cabeza, esta vez para ver al frente. Aparte de a sus padres, solo podía ver aquello que las luces del coche llegaban a alumbrar. A ambos lados de la carretera, solo los árboles se dejaban ver, y allá, un poco más adelante, dos luces rojas, moviéndose. Por la mente del chaval pasaron muchas deducciones de lo que podían ser, pero la luz de un relámpago desveló lo que era. Eran las luces de la parte de atrás de un automóvil.

La marcha del coche seguía por la sinuosa carretera, y siempre, por delante de ellos, esas dos luces rojas, como si se tratasen de dos ojos rojos furiosos que vigilaban constantemente al muchacho. El chico se preguntaba que clase de demonios ocupaban aquel vehículo, que atrocidades les habían llevado a estar conduciendo en una noche así. De pronto, una sombra apareció, cruzando por delante de las luces, y después de que el coche diese un pequeño bote, el padre frenó. Preguntó si todos estaban bien, pero el niño tardó en contestar, ya que estaba ocupado viendo como los dos ojos se iban perdiendo en la oscuridad. Los padres se pusieron los chalecos reflectantes y salieron del coche. Los intestinos y algunos órganos estaban desparramados por el asfalto, rodeados de sangre. Las ruedas habían pasado por encima del pobre animal, arrebatándole la vida. Cuando el padre fue a abrir el maletero, se dio cuenta de que su hijo estaba asomado al cristal trasero, contemplando la escena con cara de terror. Al verle, se dirigió a su esposa, y le pidió que entrara al coche a tranquilizarlo, que ya se ocupaba él de todo. Cuando la mujer se fue, el hombre abrió el maletero, sacó una pala, y arrastró lo que quedaba del zorro a un costado de la carretera, para que nadie más pudiera pisarlo. Ahora, sería alimento para otras criaturas de la noche. El padre volvió, y dejó la pala cuidadosamente en el maletero, lo cerró, y volvió a su asiento. Preguntó a la mujer e hijo como se encontraban. Al saber que estaban bien, metió la llave en el contacto, la giró, y el sonido del motor se escuchó de nuevo. Reemprendieron la marcha. Tras unas cuantas curvas, el niño se dio cuenta de que, probablemente, aquellos ojos endemoniados ya estarían lo suficientemente lejos como para no volver a encontrárselos. Más relajado, apoyo la cabeza en el respaldo, y dejó la mirada perdida en la inmensidad del bosque. Pero no tenía ni idea de lo que le esperaba.

Se escuchó un grito dentro del coche. El padre frenó de golpe, y se giró junto a su esposa, alarmados, para ver que le ocurría al pequeño. Le preguntó que le pasaba, pero el niño solo balbuceaba cosas, no salía de su boca nada entendible. Cuando se consiguió calmar, pudo decir, aunque todavía asustado, que había visto entre los árboles, más allá fuera de la carretera, dos luces rojas que pertenecían a los faros traseros de un coche, el que iba delante de ellos. Había tenido un accidente. Aquellos ojos volvían a encontrarle.

Al principio, los padres no sabían que decir ni cómo interpretar la situación. Que ellos supiesen, no habían visto ningún otro vehículo delante suyo a lo largo de la noche. Su hijo tenía que haber tenido una alucinación. Solo cuando insistió en que deberían ayudarles, vieron algo en sus ojos. No eran los ojos de una persona que mentía. Decidieron ir, aunque solo fuera para echar un vistazo, y así dar a entender a su hijo que no había pasado nada. Se colocaron el chaleco y un chubasquero; cogieron una linterna y salieron del coche.

Fueron hasta el extremo de la carretera, y caminaron siguiendo el camino por dónde habían circulado. La lluvia chocaba cruelmente contra ellos, pero no llegaba a traspasar el impermeable; de eso se encargaba el frío, que penetraba por sus ropas hasta llegar a la piel. El niño, delante de los padres, iba mirando con inquietud entre los árboles, esperando encontrárselos una vez más. Pero no los veía por ninguna parte. Ahora se lo preguntaba. ¿Se estaría volviendo loco? ¿De verdad había un coche delante de ellos? Miró a los padres con cara de decepción, y estos desplegaron una sonrisa, y le cogieron de las manos. Estaban volviendo al coche, cuando de pronto los vio. - ¡Mirad! ¡Allí!- Exclamó el muchacho, con una alegría que no cabía en si. No debería de estarlo, ya que se trataba de un accidente, pero el comprobar que no estaba loco, le alegro bastante. Ahora ni la lluvia ni el frío importaban, tenían que ayudar como fuera.

El terreno por dónde se había salido el coche era bastante peligroso en una noche así. Era como un pequeño barranco, lleno de árboles y maleza. Los padres ya estaban bajando, y al ver que su hijo también lo estaba haciendo, le dijeron inmediatamente que no se moviera más, que les esperara ahí. Le dieron un móvil, y le dijeron que se encargará de avisar a una ambulancia, que ahí abajo no podía ayudar, y que era peligroso. Le dieron un fuerte abrazo, y le dijeron que le querían. Y acto seguido, vio como sus padres se perdían en la oscuridad.

Pasó media hora sin saber nada de ellos, aunque al muchacho le pareció que habían pasado tres horas. De pronto escuchó unos pasos a su alrededor que hizo que se levantará inmediatamente. Caminó un poco en dirección a la oscuridad, gritando el nombre de sus padres, para ver si eran ellos. Pero todo era silencio. Miró a su alrededor, pero no divisaba nada raro. El miedo recorría cada parte de su cuerpo. Consiguió girarse, aunque muy lentamente. Cuando ya lo estuvo por completo, salió volando algo de la oscuridad, que hizo que se cayera de espaldas, rodando por el barranco. Era un cuervo. El muchacho fue incapaz de abrir los ojos durante la caída. Cuando al final, paró, chocando contra un árbol. Y perdió el conocimiento.

El muchacho despertó, empapado. El agua se había filtrado por el chubasquero, y el frío había inmovilizado casi todo su cuerpo. Le costó un buen rato conseguir levantarse. Cuando al fin lo consiguió, distinguió donde estaba. Había ido a parar a pocos metros del coche. Mientras se acercaba, se preguntaba por qué sus padres no habían acudido a su ayuda, cuando de pronto los vio. El cristal delantero tenía un agujero. Suponía que había sido por ahí por donde había salido volando. Sus padres, dentro del coche, yacían muertos. El chico se acercó, llorando. No podía creer lo que estaba viendo. Se quedó mirándolos a través de las ventanillas, sin saber que hacer. Cayó, de rodillas. Después, dejó caer el cuerpo, inerte, al suelo. Y se quedó allí, esperando. De pronto, de la nada, se escuchó una voz, diciendo:

- ¡Corten! Toma buena.

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sábado, 20 de agosto de 2011

Regreso a la tierra de Oz! *o*

Otra gran fecha que recordar, el 19 de Agosto de 2011, en donde volví al mundo de Oz.
Mi acompañante, esta vez, fue Ana "Banana", y bien sé que no hubiera habido nadie mejor para que ocupara su lugar en esta noche, ya que le debo muchas cosas.

La tarde algo pesada. Llegamos, vamos al escenario a coger sitio y a esperar, a esperar cinco horas y media. Cabe destacar, que Ana era de las pocas que llevaban una camiseta que no era de color negro, así que en cuanto pudo, se compro una camiseta de tirantes de Mägo. Durante la preparación del escenario, lo que más nos llamo la atención, fue cuando el hijo de Kiskilla se puso al frente de la batería y empezó a tocarla. Y nada mal la verdad, quién sabe, alomejor sustituye a Txus dentro de unos años. El resto de la espera fue pasando lentamente. Pero por cada segundo aburrido que pasaba, era uno menos para que salieran al escenario.

Cuando pasaba una media hora de las doce, se apagaron las luces y empezó a sonar "Madre Tierra". El momento había llegado, la actuación empezaba ya, ellos estaban preparados, pero... ¿lo estábamos nosotros? Cuando estaba a punto de terminar la introducción, Txus salió a la batería, pidiendo al público que animase. Después vinieron canciones como: "Gaia", "Vodka 'n' roll", "Hazme un sitio entre tu piel", "El atrapasueños", "Aquelarre", "Que el viento sople a tu favor", "Sueños diabólicos", "Desde mi cielo", "Alma", "Puedes contar conmigo", "La costa del silencio", "La posada de los muertos", "La rosa de los vientos", "Fiesta pagana", "Molinos de viento" y para cerrar, la mítica "Somewhere over the rainbow".

- ¿Momentos a destacar?
- Claro que los hay, pocos pero emocionantes.

Creo recordar que fue después de "Vodka 'n' roll" cuando Carlitos lanzó una púa a nuestra parte, y de pronto vi como Ana se agachaba a por algo, se levantaba con una sonrisa en la boca, me la enseñaba y me la daba. Ni siquiera puedo expresar la alegría que sentí en aquel momento, solo sé que lo experimenté gracias a ella, gracias a la chica que había avisado 20 minutos antes de irme que si se quería venir. Gracias Ana. Gracias a ti, ya podía seguir disfrutando del concierto sin tener que preocuparme por ese objetivo. Por suerte, tú bondad fue recompensada, y momentos después, llegó a tus manos una púa de Frank.

También recuerdo, que a mitad de concierto, las luces del escenario no funcionaban y tuvieron que ausentarse unos minutos, hasta que las arreglaran.

Y, como no, unos de los momentos que más recuerdo de la noche. Cuando acabó el concierto de Sagunto, se me ocurrió la brillante idea de hacer un montaje con los miembros de Mägo de Oz con un fondo especial, un fondo que hace referencia a su nombre. Conseguí ponerlos sobre las baldosas amarillas que llevan a Ciudad Esmeralda. Dos días antes de este concierto, lo retoqué un poco para que se viera más grande y mejor, y lo imprimí. Durante la actuación, lo intenté un par de veces, pero sin éxito. Y en una oportunidad que José había terminado de hablar, empecé a chillar su nombre, con el póster levantado, y, una vez más, Ana me ayudó.
- ¡¡¡JOSÉ!!!
- ¿¡QUÉ!?
Sí, sorprendente. Cuando consiguió llamar su atención, vio la pancarta desde lejos, y se acercó para verla mejor. Cuando me pidió que se la diese, no sabía como hacérsela llegar, así que se la di a Ana, saltó la valla y fue hacía José. Una vez más en esa noche, no cabía de emoción. Estaba tan ilusionado que se me olvido grabar el momento. El caso es que Ana le dio el póster en la mano, como si de un conocido se tratase, y Jose le envió un beso. Después de verlo un momento, se lo paso a Txus, y este lo miró un buen rato, y su boca dibujo una sonrisa. Es un momento que espero que nunca salga de mi memoria.

Un momento gracioso fue cuando Moha se puso al lado de Carlitos, y sin que este se diera cuenta, le robo un par de púas del micrófono.

Más cosas. Entre las canciones de "La rosa de los vientos" y "Fiesta pagana", salió al escenario el hijo de Kiskilla con una guitarra a su medida. De pronto, se puso a tocarla, y sonaba un solo fascinante. En realidad era Carlitos quién tocaba, el niño solo interpretaba. Pero lo hacía genial, y se quedo con el público.

Lo último. Como ya va siendo costumbre, después del concierto, toca quedarse unos minutos por fuera del backstage por si cae algo, ya sea una firma, una foto con algún integrante de la banda... lo que sea. Pero yo iba dispuesto a hablar con alguno, y pedirle una foto con todos y con el póster. Y una vez más, ahí estaba Ana, soportando la situación. Estuvimos algo así como 40 minutos rondando, y solo conseguimos hablar con Moha. Se fue a buscar el póster para hacerse la foto, pero volvió diciendo que nadie sabía por donde estaba, y que lo sentía mucho. Creo que pudo leer en mis ojos la tristeza. Cuando ya estábamos alejándonos, una chica nos llamó, diciendo que fuéramos. Llegamos, y ahí estaba Moha, diciendo que lo habían encontrado, y así era, lo tenía en la mano. Para entrar, cogí la primera valla que encontré, y la abrí con tal fuerza, que me cargué las tres bridas que la sujetaban. Me hice la foto y le agradecí mil veces el esfuerzo que había hecho por encontrarlo. Por eso sé que el póster no anda perdido, y que cuando nos fuimos, Moha lo tenía en las manos. Gracias tío, por el recuerdo que me dejaste de esa noche.

Ahora me da igual irme a dormir, ya que sé que lo que aparezca en mis sueños, será una mínima parte de lo que he podido vivir esta noche.

Tras mucho tiempo recorriendo las baldosas amarillas, llegue al mundo de Oz. Muchas gracias Mägo por hacerme vivir un sueño.

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